Elegimos Bernabales por los comentarios que habían dejado otros huéspedes. Todos eran elogiosísimos, pero se quedaron cortos. Disfrutamos de una estancia de tres días con nuestra hija y nuestros nietos, cada uno con sus particularidades y sus expectativas, y ninguno de los cinco vio las suyas defraudadas. Los niños pudieron jugar al fútbol en el jardín y los mayores nos relajamos entre las plantas, en los sofás del salón o en las habitaciones, confortabilísimas, limpísimas, cuidadas hasta el último detalle y con una abundancia de enchufes y USBs como no había visto nunca. La calidad de los desayunos es infinitamente superior a lo esperable en un establecimiento que se presenta como de dos estrellas; tostadas de pan de pueblo, charcutería de calidad, bizcochos caseros, fruta, zumo de naranja natural… Un auténtico festín. Pero lo mejor es el trato. José Manuel nos cuidó, nos aconsejó visitas y recorridos, nos ilustró, nos asesoró en todas las cuestiones prácticas y hasta nos facilitó la cena permitiendo que los aficionados al fútbol viesen la semifinal de los mundiales mientras los indiferentes charlábamos tranquilamente en el comedor. Aprovecho para agradecerle una vez más su disponibilidad, su sabiduría y su amabilidad: gracias, José Manuel. ¡Volveremos!
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